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TDAH

Cuando el cerebro necesita moverse y descansar: TDAH, sueño y funciones ejecutivas

20 de septiembre de 202613 min

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Texto sencillo, frases cortas e imágenes para entender mejor.

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Un niño se mueve al aire libre y después duerme; una ilustración conecta movimiento, cerebro y sueño

Cuando hablamos de TDAH, es frecuente que la conversación se centre en la atención.

“Se distrae mucho.”

“No consigue concentrarse.”

“Empieza las cosas y no las termina.”

“Es muy impulsivo.”

Pero el TDAH es mucho más complejo que la dificultad para mantener la atención.

Detrás de muchas situaciones cotidianas pueden encontrarse las llamadas funciones ejecutivas: un conjunto de procesos que nos ayudan a organizar nuestra conducta, mantener información en mente, inhibir respuestas, cambiar de estrategia, planificar y adaptarnos a lo que ocurre.

Y hay dos elementos cotidianos que están despertando un interés creciente en la investigación: el movimiento y el sueño.

No porque hagan desaparecer el TDAH.

No porque exista una fórmula que sirva para todas las personas.

Sino porque cada vez conocemos mejor la relación entre actividad física, descanso y funcionamiento ejecutivo.

Y esto nos invita a mirar el TDAH desde una perspectiva algo diferente.

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Las funciones ejecutivas nos permiten dirigir nuestro comportamiento hacia un objetivo.

Por ejemplo:

  • Recordar lo que tenemos que hacer.
  • Comenzar una tarea.
  • Mantener la información necesaria mientras la realizamos.
  • Controlar una respuesta impulsiva.
  • Cambiar de estrategia cuando algo no funciona.
  • Organizar los pasos de una actividad.
  • Gestionar el tiempo.
  • Pasar de una actividad a otra.

Por eso, una persona con TDAH puede saber perfectamente qué tiene que hacer y, aun así, encontrar enormes dificultades para conseguir hacerlo.

No siempre es una cuestión de “no querer”.

A veces existe una diferencia entre saber qué hacer y poder poner en marcha los procesos necesarios para hacerlo en ese momento.

Esta distinción es importante, especialmente cuando hablamos de infancia.

Porque decirle continuamente a un niño “concéntrate”, “esfuérzate”, “organízate” o “deja de distraerte” no necesariamente le proporciona las herramientas que necesita.

Y aquí es donde el movimiento y el descanso comienzan a adquirir interés.

El Movimiento También Habla Con El Cerebro

Durante mucho tiempo hemos pensado en el ejercicio principalmente desde la perspectiva de la salud física.

Moverse fortalece el cuerpo, mejora la condición cardiovascular y favorece la salud general.

Pero cuando estudiamos el TDAH, el movimiento tiene otra dimensión interesante: algunas actividades físicas también requieren que el cerebro esté constantemente tomando decisiones.

Imaginemos un partido de fútbol.

El niño no solamente corre.

Tiene que observar dónde están sus compañeros, localizar la pelota, ignorar determinados estímulos, anticipar lo que puede ocurrir, decidir qué hacer, controlar una respuesta y cambiar de estrategia cuando la situación cambia.

El cuerpo se mueve.

Pero el cerebro también está trabajando.

Las investigaciones recientes han encontrado asociaciones entre la actividad física y diferentes componentes de las funciones ejecutivas en niños y adolescentes con TDAH.

Un metaanálisis publicado en 2025, que analizó 19 estudios, encontró mejoras especialmente en flexibilidad cognitiva y memoria de trabajo después de intervenciones de actividad física. Los autores también observaron que las actividades que implicaban una mayor participación cognitiva parecían ofrecer resultados especialmente interesantes.

Esto no significa que cualquier ejercicio produzca exactamente el mismo efecto.

Y tampoco significa que hacer ejercicio “cure” el TDAH.

Significa que existe una relación que merece seguir investigándose.

¿Importa El Tipo De Ejercicio?

Esta es una de las cuestiones más interesantes que está estudiando la investigación actual.

Un metaanálisis publicado en 2026 comparó diferentes modalidades de actividad física y analizó distintos componentes de las funciones ejecutivas.

Los resultados sugieren que diferentes tipos de actividad pueden favorecer diferentes habilidades.

Las actividades denominadas de habilidades abiertas requieren responder continuamente a un entorno que cambia.

Por ejemplo:

  • Fútbol.
  • Baloncesto
  • Tenis.
  • Determinados juegos motores.
  • Actividades deportivas en las que hay que reaccionar ante otras personas.

En estas actividades hay que observar, anticipar y adaptar la respuesta constantemente.

Por otro lado, las actividades de habilidades cerradas se desarrollan en entornos más predecibles.

Por ejemplo:

  • Correr.
  • Nadar.
  • Montar en bicicleta.
  • Determinados ejercicios gimnásticos.

Según el metaanálisis de 2026, las actividades abiertas mostraron mayores efectos sobre el control inhibitorio, mientras que las actividades cerradas mostraron mayores efectos sobre la flexibilidad cognitiva y la memoria de trabajo.

Esto es interesante.

Pero no debería convertirse en una nueva obligación para las familias.

No necesitamos encontrar “el deporte perfecto para el TDAH”.

Necesitamos encontrar formas de movimiento que sean accesibles, agradables y significativas para cada persona.

Porque un niño puede disfrutar del fútbol.

Otro puede odiarlo.

Uno puede sentirse feliz nadando.

Otro puede preferir montar en bicicleta.

Y otro quizá no quiera practicar ningún deporte organizado, pero disfrute bailando, caminando, saltando, jugando en el parque o haciendo actividades físicas con su familia.

Todo eso también es movimiento.

Más No Siempre Significa Mejor

Aquí aparece otro dato interesante de la investigación reciente.

Un metaanálisis publicado en 2026 intentó estudiar la relación entre la cantidad de ejercicio y los resultados sobre los síntomas del TDAH y las funciones ejecutivas.

Los autores encontraron una relación dosis-respuesta para algunos resultados y estimaron, mediante modelos estadísticos, que determinadas cantidades de actividad física podían ser suficientes para alcanzar mejoras clínicamente relevantes.

Pero también observaron una relación en forma de U invertida para las funciones ejecutivas.

Dicho de una manera sencilla:

hacer más y más ejercicio no significa necesariamente obtener más y más beneficios.

Y esto es importante porque no queremos transformar un descubrimiento científico en otra exigencia para las familias.

La actividad física debe formar parte de una vida saludable, pero también debe respetar:

  • La edad.
  • Las preferencias.
  • La condición física.
  • Las necesidades sensoriales.
  • El nivel de energía.
  • El contexto familiar.

Y, sobre todo, el disfrute. El movimiento no debería convertirse en otro motivo de presión.

Y Entonces Llega El Sueño

Si el movimiento es una pieza importante, el descanso es otra.

Dormir no es simplemente “estar sin hacer nada”.

Mientras dormimos tienen lugar numerosos procesos relacionados con la recuperación y el funcionamiento cerebral.

Y en las personas con TDAH el sueño puede ser especialmente relevante.

Una revisión y metaanálisis publicada en 2025 analizó 44 estudios independientes que incluían más de 2.200 niños con TDAH y más de 57.000 niños sin TDAH.

Los investigadores encontraron diferencias en diferentes parámetros del sueño en los niños con TDAH, incluyendo menor duración total del sueño, mayor latencia para conciliarlo, menor eficiencia y mayor fragmentación del descanso.

Esto no significa que todas las personas con TDAH tengan problemas de sueño.

Pero sí nos recuerda algo importante:

las dificultades relacionadas con el sueño son frecuentes y merecen ser tenidas en cuenta.

Cuando Dormir No Resulta Tan Sencillo

Para algunas personas con TDAH, la noche puede convertirse en un momento complicado.

Puede resultar difícil:

  • Iniciar la rutina de sueño.
  • Dejar una actividad estimulante.
  • Hacer la transición hacia la cama.
  • Mantener horarios regulares.
  • Desconectar después de un día intenso.
  • Conciliar el sueño una vez en la cama.

Y cuando finalmente llega el sueño, puede haber dificultades para mantenerlo.

Esto puede generar una situación frustrante.

Una persona duerme poco o descansa mal.

Al día siguiente tiene menos recursos para organizarse, regularse o mantener la atención.

El día resulta más difícil.

Y por la noche vuelve a costar desconectar.

No podemos afirmar que esta secuencia ocurra de la misma manera en todas las personas con TDAH, ni que exista una única causa.

Pero sí sabemos que sueño y funcionamiento diurno están relacionados y que las dificultades de sueño merecen ser observadas.

Dormir Y Funciones Ejecutivas

Una investigación publicada en 2025 estudió conjuntamente actividad física, duración del sueño y diferentes indicadores de salud en niños y adolescentes con TDAH.

Encontró que una mayor cantidad de actividad física moderada-vigorosa y una mayor duración del sueño estaban asociadas con mejores funciones ejecutivas.

Es importante detenernos aquí, en una palabra:

asociadas.

La investigación encontró una relación.

Eso no significa que podamos afirmar que dormir más provoque automáticamente una mejora de las funciones ejecutivas, ni que aumentar el ejercicio vaya a producir el mismo resultado en todas las personas.

La ciencia necesita distinguir entre una asociación y una relación causal.

Y hacerlo es especialmente importante cuando hablamos de familias que buscan respuestas.

No necesitamos promesas.

Necesitamos información fiable.

¿Podemos Mejorar El Sueño?

La investigación más reciente también está estudiando qué ocurre cuando se interviene específicamente sobre las dificultades de sueño.

Un metaanálisis publicado en 2026 reunió 40 ensayos controlados aleatorizados con 4.361 participantes.

Los resultados encontraron pequeñas mejoras significativas en determinados problemas de sueño y en la latencia para conciliarlo.

Las intervenciones conductuales centradas específicamente en el sueño mostraron resultados especialmente interesantes para reducir las alteraciones del sueño.

Pero, de nuevo, no todos los parámetros mejoraron.

No se observaron efectos significativos globales sobre aspectos como la duración total del sueño, la eficiencia del sueño o la somnolencia diurna.

Esto nos muestra algo muy importante:

el sueño no es una variable sencilla.

Dormir más horas no siempre significa dormir mejor.

Y dormir “las horas recomendadas” no garantiza por sí solo un descanso reparador.

Por eso es necesario observar a la persona en su conjunto.

Dos Piezas Que Pueden Estar Relacionadas

Si juntamos todo lo que sabemos hasta ahora, podemos imaginar el movimiento y el sueño como dos piezas dentro de un sistema mucho más amplio.

MOVIMIENTO

Puede implicar:

→ actividad física → estimulación corporal → toma de decisiones → inhibición → flexibilidad → memoria de trabajo

SUEÑO

Puede implicar:

→ descanso → recuperación → regulación → funcionamiento cognitivo → bienestar emocional → funcionamiento durante el día

Y ambas piezas se relacionan con algo que para muchas personas con TDAH resulta especialmente importante:

Las Funciones Ejecutivas.

Pero no debemos imaginarlo como una fórmula matemática.

No es:

más deporte + más horas de sueño = menos TDAH.

La realidad es mucho más compleja.

No Todo Tiene Que Ser Deporte

Quizá esta sea una de las ideas que más me gustaría que se llevaran las familias después de leer este artículo.

Cuando hablamos de actividad física, podemos caer fácilmente en la imagen de un niño practicando un deporte durante una hora.

Pero moverse es mucho más que eso.

Puede ser:

🌱 caminar.

🎵 bailar.

🚲 montar en bicicleta.

🏊 nadar.

🌳 jugar en un parque.

⚽ practicar un deporte.

🧘 hacer una actividad corporal.

🐕 salir a caminar con el perro.

🎮 jugar a determinadas actividades que impliquen movimiento corporal.

🤸 saltar, trepar o jugar libremente.

La actividad física no debería convertirse en una prueba que el niño tiene que superar.

Si conseguimos que el movimiento sea agradable, accesible y adaptado a sus intereses, probablemente estaremos construyendo una relación mucho más saludable con él.

Y Con El Sueño Ocurre Algo Parecido

Tampoco deberíamos convertir la hora de dormir en una batalla diaria.

Las necesidades de cada persona son diferentes y las rutinas deben adaptarse a cada familia.

Puede ser útil prestar atención a:

  • La regularidad de los horarios.
  • Las actividades que preceden al sueño.
  • La cantidad de estimulación por la noche.
  • El ambiente de la habitación.
  • Las necesidades sensoriales.
  • Las transiciones.
  • Y las señales que indican que el cuerpo empieza a necesitar descanso.

Y cuando las dificultades persisten o afectan de manera importante al funcionamiento diario, merece la pena hablar con un profesional sanitario.

Porque una dificultad de sueño persistente no debería interpretarse simplemente como “no quiere dormir”.

¿Y Si Dejamos De Preguntarnos Qué Le Pasa?

Cuando un niño con TDAH tiene dificultades para concentrarse, terminar una tarea o regularse, es fácil pensar:

“¿Por qué no puede hacerlo?”

Quizá también podamos empezar a preguntarnos:

¿Qué necesita para poder hacerlo?

¿Necesita moverse antes?

¿Necesita una pausa?

¿Necesita una instrucción más sencilla?

¿Necesita menos estímulos?

¿Necesita más tiempo?

¿Necesita descansar?

¿Necesita que dividamos la tarea en pasos?

¿Necesita una rutina más previsible?

No todas las respuestas estarán relacionadas con el sueño o el movimiento.

Pero cambiar la pregunta puede cambiar nuestra manera de acompañar.

Lo Que Todavía No Sabemos

La investigación sobre TDAH, actividad física y sueño está creciendo rápidamente.

Y eso es una buena noticia.

Pero todavía existen muchas preguntas abiertas.

Los estudios utilizan diferentes tipos de ejercicio, distintas intensidades, diferentes duraciones y herramientas variadas para medir las funciones ejecutivas.

Además, buena parte de la investigación se ha realizado en niños y adolescentes.

Y aunque los resultados son prometedores, varias revisiones recientes señalan que la certeza de la evidencia sigue siendo baja o muy baja para algunos resultados.

Por eso debemos evitar titulares como:

“Este ejercicio cura el TDAH.”

“Dormir más elimina los síntomas.”

“Con 20 minutos de deporte al día se soluciona el problema.”

La ciencia actual no permite afirmar eso.

Lo que sí nos permite decir es algo mucho más interesante:

el movimiento, el sueño y las funciones ejecutivas están relacionados de maneras que estamos empezando a comprender mejor.

Conclusión

Una persona con TDAH no necesita escuchar constantemente que tiene que esforzarse más.

A veces necesita que comprendamos mejor cómo funciona su cerebro y qué condiciones pueden facilitarle las cosas.

El movimiento puede ser una forma de cuidar el cuerpo y, al mismo tiempo, poner en juego diferentes procesos cognitivos.

El sueño puede ofrecer al cerebro un espacio fundamental de descanso y recuperación.

Y las funciones ejecutivas pueden necesitar apoyos que no tienen nada que ver con la falta de voluntad.

Por eso quizá la pregunta no debería ser:

“¿Cómo conseguimos que se concentre más?”

Sino:

“¿Qué podemos cambiar a nuestro alrededor para que pueda funcionar mejor?”

Porque acompañar la neurodivergencia también significa dejar de exigir únicamente que la persona se adapte al mundo.

A veces significa preguntarnos qué podemos adaptar nosotros.

Y quizá, en ocasiones, el cerebro no necesite que le pidamos más.

Quizá necesite moverse.

Quizá necesite descansar.

Y, sobre todo, quizá necesite que lo comprendamos mejor.

Referencias Bibliográficas

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  • Xian, P., Sheng, X., Liu, S., Liu, Z., & Guo, X. (2025). Sleep dysregulation in ADHD children: A systematic review and meta-analysis. Psychological Medicine, 55, e321.
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  • Objectively measured sleep continuity in children and adolescents with ADHD: A systematic review and meta-analysis (2023).
  • Paruthi, S., Brooks, L. J., D’Ambrosio, C., et al. (2016). Recommended Amount of Sleep for Pediatric Populations: A Consensus Statement of the American Academy of Sleep Medicine. Journal of Clinical Sleep Medicine.

Preguntas frecuentes

¿El ejercicio mejora los síntomas del TDAH?

La investigación reciente indica que la actividad física puede asociarse con mejoras en algunos síntomas y, especialmente, en determinadas funciones ejecutivas. No permite afirmar que el ejercicio por sí solo elimine o cure el TDAH.

¿Las personas con TDAH tienen más dificultades para dormir?

Las dificultades de sueño son frecuentes en niños y adolescentes con TDAH. Pueden afectar a la duración, la continuidad, el tiempo para conciliar el sueño y la eficiencia del descanso, aunque no aparecen en todas las personas.

¿Dormir bien puede ayudar a las funciones ejecutivas?

La evidencia encuentra una asociación entre una mayor duración del sueño y un mejor funcionamiento ejecutivo. Es una relación compleja: dormir más, por sí solo, no garantiza una mejora automática.

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