Lectura fácil
Los 8 sentidos en el autismo
Cada persona siente el mundo de una manera diferente.

No tenemos solo 5 sentidos
Conocemos la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato.
También sentimos el movimiento, la posición de nuestro cuerpo y lo que pasa dentro de él.
En total, hablamos de 8 sistemas sensoriales.
Vista, oído, tacto, gusto y olfato
La vista nos informa sobre luces, colores y movimientos.
El oído nos permite escuchar sonidos. Un ruido puede resultar muy intenso para una persona.
El tacto nos ayuda a sentir la ropa, el agua o un abrazo.
El gusto y el olfato nos informan sobre sabores y olores.
Comer también implica sentir la textura, la temperatura y el aspecto de los alimentos.
Movimiento y posición del cuerpo
El sistema vestibular nos informa sobre el movimiento y el equilibrio.
Por ejemplo, nos ayuda cuando giramos, caminamos o nos balanceamos.
La propiocepción nos informa sobre dónde están nuestros brazos y piernas.
Por ejemplo, podemos saber dónde está una mano aunque tengamos los ojos cerrados.
Señales de dentro del cuerpo
La interocepción nos ayuda a notar el hambre, la sed, el dolor, el cansancio o las ganas de ir al baño.
Algunas personas pueden sentir o interpretar estas señales de otra manera.
No ocurre igual en todas las personas autistas.
Cada persona siente de manera diferente
Una persona puede sentir un sonido como demasiado fuerte.
Otra puede tardar más en responder a un estímulo.
También puede buscar movimientos o sensaciones que le resultan agradables.
Una misma persona puede reaccionar de distintas maneras según el día o el lugar.
No existe una sola forma de sentir el autismo.
Cuando hay demasiados estímulos
Muchas luces, sonidos, olores y demandas al mismo tiempo pueden causar sobrecarga sensorial.
La persona puede necesitar silencio, alejarse, moverse o descansar.
Pero no todas las crisis se deben a los sentidos. También puede haber dolor, hambre, falta de sueño o estrés.
Es importante observar y escuchar antes de sacar conclusiones.
¿Cómo podemos acompañar?
Podemos reducir ruidos, avisar de los cambios y ofrecer un lugar tranquilo.
También podemos respetar la ropa cómoda, los auriculares o las pausas cuando ayudan.
Lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra.
En vez de preguntar «¿por qué hace esto?», podemos preguntar «¿qué puede estar experimentando?».
Las personas que acompañan también necesitan apoyo y descanso.
Puedes consultar los estudios y todas las explicaciones en la versión completa del artículo.